Nada más escribir el título, blogger ha generado un link específico para esta entrada, con una velocidad pasmosa. Hace poco veía en este vídeo que toda una generación a la que ya hemos encontrado una etiqueta – y con ello, parece ser, nos quedamos tranquilos- se desmorona porque ha adquirido esta velocidad como patrón, vive en la prisa. Los millennials, dicen, no entienden de la paciencia mínima para construir las cosas, las relaciones, la trama de la vida.
No sé si diría tanto. Ya no recuerdo si a mí, que nací en el 82, me metieron en la generación X o en la Y. Lo que igual pasa es que todos nos comunicamos con todos. Las etiquetas, como las costumbres, conviven y se fusionan.
Por lo que, en definitiva, todas y todos (todxs, para evitar a los ultracatólicos del bus) tenemos demasiada prisa. Hay que ser felices y rapidito.
Y no, la calma se fabrica. La vida se acepta. Y a veces, si miramos con lupa y paciencia, vemos que la felicidad sigue ahí. O no.

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